De cómo EstarVivos…
intentar ser sostenibles
y no morir en el intento.

Por: CaracolinaMágica

Ya sé que este título suena un poco raro, algunos pueden decir que hasta “mamerto”, pero es un tema, una idea, un nacimiento que nos ha estado dando vueltas a Dani y a mí hace rato, sobre todo durante la cuarentena (o sesentena).

Sin contar con lo que hayamos leído en noticias y lo que se comparte en redes sociales sobre el daño que le hacemos al planeta día a día, no sólo a través de la contaminación de las grandes empresas, los autos, las chimeneas, la guerra, las vacas, etc, sino también con nuestros consumos individuales: de plásticos en todas sus formas y para todos los usos, de ropa, de comida, de objetos muchas veces inservibles y desechables, de combustibles… y la lista se alarga y se alarga.

Sin contar con todo eso que abruma y entonces nos hace concluir que ni modo, que no podemos controlarlo, que solo somos una persona, que no podemos cambiar a nadie… bla bla bla. Resulta que sí, sí podemos. Podemos cambiar nosotros. Podemos intentar hacer cambios reales en nuestra manera de ver, percibir y relacionarlos con el mundo, con el ambiente y hasta con el sistema (así no nos guste el sistema, pero ni modo). Y es por eso que quise escribir este texto: para recordármelo y recordárselo a Dani, porque más allá no puedo hacer nada -aún-. Pero también lo escribo para que tú lector, te animes, aunque sea a cuestionar tus modos de compra, de uso y desuso de algunas cosas. Solo es pensarlo, escoger un propósito y ponerlo en marcha. Estoy completamente segura -y lo vengo leyendo en varios libros y páginas que sigo- que sólo es iniciar y ser consistente, consecuente, consciente y apasionado -como ya lo somos-.

¿Y cómo se puede llegar ahí? voy a citar tres “consejos”, por llamarlos de alguna manera, de Mariana Matija, una chica que se dedica a todos estos temas de sostenibilidad y que ha sido para mí un gran referente (y que quise entrevistar para mi blog, pero “las cosas no se dieron”, jeje), junto con otras personas y colectivos:

  1. Dejar de esperar a que todo sea fácil. Es necesario que dejemos de buscar sólo lo que se nos acomoda y lo que no nos «talla», y que empecemos a enfrentar realidades que nos van a romper un poco el corazón… pero que tenemos que aprender a mirar de frente si es que queremos empezar a resolverlas.
  2. Mostrar nuestra sensibilidad. La sensibilidad no es un defecto. De hecho, me parece que es una de las más grandes fortalezas que puede tener una persona cuando se pone a la tarea de «cambiar el mundo».
  3. Mostrar nuestra valentía. Sin valentía no nos quedaría más remedio que acurrucarnos a esperar a que alguien más resuelva las crisis ambientales y sociales a las que nos enfrentamos. La solución no está en manos de otras personas, sino de todas las personas. Y eso te incluye a ti.

Fue así como llegaron nuestros propósitos que, de alguna forma ya estaban inmersos en nuestras salidas de EstoyVivo, porque somos un equipo que vive y ama este planeta, y que está buscando formas de conectar más con él, de alinear nuestra mente con nuestro cuerpo, nuestro corazón y hacer el cambio positivo.

Y ya estamos haciendo cambios, poquito a poquito para no agobiarnos. Y vamos a ir estudiando, probando, equivocándonos y acertando. Seguro nos cansaremos y retrocederemos, pero rendirnos ¡jamás! Hemos comenzado un viaje hacia sentirnos mejores personas con el planeta, que no es lo mismo que serlo, porque para eso ya tendríamos que hacer maestrías en sostenibilidad y salir de este sistema capitalista que nos tiene -a todos y de una u otra forma- amarrados casi que sin salida. Pero vamos a intentarlo, otra vez lo digo, poco a poco.

No más plásticos o desechables.

Ojalá pudiera decir “suprimir”, pero mientras lo logro, me voy al mercado con cinco bolsas que tengo en casa, de diferentes tamaños y diferentes telas y ahí me traigo todo el mercado. Sí, las frutas y verduras también. La cajera me mira “rayado” porque le toca agrupar de a poquitos todo, y yo le regalo una sonrisa y le digo: falta un limón que está allá con las granadillas. Aún me falta encontrarle solución a algunos productos que ya vienen envasados, sin contar con los no perecederos que ya comienzan a dejar de entusiasmarme y pues le voy buscando soluciones, que a su vez tienen que ver con otros factores relacionados con la sostenibilidad, como comprar local y eso, afortunadamente en La Calera, aún se logra y muy bien.

A Dani, por ejemplo, le encantan las milhojas y los rollitos de crema. Cuando sale por ellos, lleva una coca para traerlos y así evitar el odioso icopor, que además nos llena de culpa cuando lo recibimos.

Desde hace mucho cargo en la mochila mi botilito para el agua, y en una bolsita de tela reutilizada, un pequeño vaso desplegable por si me tomo un cafecito por ahí y los cubiertos de bambú. Bueno, ese “por ahí” ya no existe porque no salgo de casa, pero sí que me sirvió antes y sueño con volverlo a utilizar.

Por supuesto los pitillos desaparecieron de nuestro radar hace ya años. Recuerdo cuánto me costaba convencer a mi hijo (en esa época de 8 años) para que no pidiera, hasta que lo logré. Eso me hace ratificar que nada es imposible, jeje.

Los oros residuos que aún compramos, como latas o empaques plásticos, intentamos reciclarlos de la mejor manera. Aún hay “fallas” en el sistema, sobre todo ahora con el confinamiento, pero seguimos separando, reutilizando lo posible y reciclando el resto. Y más que nada, intentando que nuestros hijos lo vivan igual que nosotros, o que yo, que soy quien tengo esta bandera en casa, pero con todo el apoyo y la motivación del Atómico.

Bienvenidas las plantas

Este apartado se divide en dos mundos muy emocionantes que estamos explorando: el de sembrar y el de comer.

De sembrar

Estamos súper entusiasmados con sembrar y comer nuestras propias verduras. Vivimos en un lugar que aún lo permite y contamos con el espacio y los recursos para lograrlo; entonces, ¿Por qué no intentarlo? Por eso hemos comenzado un curso de huerta en “macetas”, estamos retoñando aguacates y zanahorias y cultivando germinados (que también tiene que ver con el apartado siguiente).

También, preocupados por los residuos orgánicos tan valiosos que salen de casa, y más ahora que cocinamos todo el día, y haciendo conciencia al saber que terminan en un relleno sanitario, como si fueran basura, decidimos comenzar a compostar. Esa sí que es toda una aventura que seguro merecerá una publicación aparte, con todo lo que hemos ido aprendiendo al respecto.

(La foto vendrá cuando tengamos retoñitos para mostrar, así como la del compost. Todo irá sucediendo lentamente, pero sucederá. Si algo hemos aprendido de esta época de confinamiento es a ser pacientes.)

De comer

Aquí hablaré por mí. Desde hace unos tres años vengo con ganas de dejar de comer carne; además de que no era mi plato favorito, a veces sentía que me caía muy mal, y leyendo y buscando y acercándome al mundo vegetariano y vegano, entendí -o hice conciencia- de lo fuerte que es el mercado arrasador del ganado, más lo terrible que es la muerte de estos y todos los animales que usamos para comernos… la violencia, la energía, el dolor… No espero que con esto me entienda nadie, ni quiero crear polémica entre el sí o el no. Es algo muy personal, que fui interiorizando hasta que me llegó el momento y me siento muy bien, además de apoyada por mi familia (que aún es carnívora, jeje).

La cosa es que en enero hice un tratamiento Detox que, por supuesto, sacó las carnes de mi vida por 21 días y fui feliz, no solo con la limpieza de mi cuerpo sino con el hecho de no querer ni necesitar comer más animales. Y comencé a dar los pasitos necesarios para cambiar mi alimentación hacia una que yo quería y sentía más sana y conectada con el planeta.  Ahora disfruto nuevamente de cocinar, de buscar opciones más nutritivas, sanas y con menos empaques.

Me tocó comprar olla a presión para cocinar los granos, jeje, pero seguro que le sacaré todo el provecho. Es increíble cómo nos quedamos atorados en los mismos alimentos y preparaciones, y de pronto se abre una pequeña ventana que se convierte en un paisaje (literal) enorme de posibilidades para comer delicioso y muy sano. En esas estoy.

También he hecho germinados (de alfalfa, lenteja y quinua) y ha sido maravilloso, primero porque es como una siembra súper rápida y segundo, porque están llenos de nutrientes. Y son ricos. Así como los fermentados, otro alimento súper poderoso. Todos son sabores a los que puede ser que no estemos muy acostumbrados, pero que poco a poco se disfrutan en el paladar y se convierten en parte de la dieta diaria. Y han sido hechos en casa, por mí, y los comparto con mi mamá, con Dani y los niños. Bueno, cuando les gustan 🙂

Aún consumo huevos y queso, pero no me doy duro por ello, todo es poco a poco y en la medida en que no los necesite o los supla, iremos viendo. Por lo pronto, los huevos son de “gallinas felices”, es decir, criadas sueltas y sin concentrados, con lo cual son más pequeños, más ricos y probablemente más saludables.

Compra local

Este es un apartado muy bonito y al que me gusta haber llegado, porque para mí resignifica la labor del campesino, motiva a apoyar proyectos sostenibles y, por supuesto, ayuda a economías pequeñas. Cada quince días pido el mercado de verduras a la huerta orgánica Sol de Siembra, un lugar que queda muy cerca de mi casa, unos 13 kms y que tuve la fortuna de conocer antes de que comenzara el confinamiento. Es una maravilla de lugar y la gente que lo atiende, en cabeza de Nubia, son muy amables y dispuestos a colaborar. Por si les interesa, llevan mercados a Bogotá también y traen todo lavado, sin uso de pesticidas ni fertilizantes, ¡y sin bolsas!. También tienen miel, mermeladas y otros productos de amigos o vecinos, es decir, economías colaborativas. Es verdad que no es el mismo precio que si voy al súper, pero tampoco es la misma calidad; simplemente me organizo y compro cada quince días. Si me falta algo en ese tiempo ya lo compro por aquí, pero prefiero “invertir” en salud y bienestar mientras pueda, además de apoyar este hermoso proyecto.

Lo mismo hacemos con el yogurt y el queso; lo compramos en el mismo pueblo, en una tiendita que sabemos son productores y cada día se ponen más las pilas y sacan variaciones de quesos y hasta yogurt griego. Las semillas y nueces aún vienen de lejos, por aquí no hay graneros y esas cosas, y ya ir hasta Bogotá solo a eso, tal vez salga más caro. Por ahora las compro en una tiendita de un señor queridísimo, que además me regala turrones cuando le compro, típico de pueblo 🙂

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Estas son nuestras iniciativas; iba a decir pequeñas pero no, no son pequeñas, nos los estamos tomando en serio y en serio queremos mejorar nuestra estancia en este planeta y ayudar a protegerlo. Hace un tiempo puse una frase en Instagram que decía: “No hay que hacer mucho caso a esa gente que dice que lo que hacemos no sirve. -SÍ SIRVE- Entre todos sumamos”.

La invitación es a que sumemos, a que escojas o decidas o intentes hacer un cambio en tu vida que sea bueno para el planeta y así, poquito a poquito, muchos haremos la diferencia.

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