5:50 am, la alarma del celular se activa, pase una noche inquieta, me duele la tibia y el peroné por mucha carga atlética; Carlos Tolima, el deportólogo, me sugirió no correr más por un tiempo; soñé que la policía venía a mi local de trabajo y me sellaban; deseo cerrar los ojos y volver a empezar.

Ya es hora de continuar con la rutina, pero hasta acá todo esta bien, todo funciona en orden. Llamo a Samuel para ir al colegio, abre los ojos y con una sonrisa borra mis dolores.

Abro la ventana para oler el nuevo amanecer y… ¿A qué huele? ¡Huele a quemado! Los cerros orientales de Bogotá se están quemando, vuelvo a la realidad, no quiero ver el fin del mundo, que triste me siento; no puedo dejar de concluir que todo está mal y solo puedo sonreirle hipócritamente a mi hijito, prometiéndole con ese gesto que todo estará bien.

¿Qué nos han enseñado? ¿Quién dijo que este orden, que todos repetimos, todos los días está bien? ¿Quién se inventó la manera correcta de vivir?

Salimos a las 6:35 am a esperar que el bus del colegio pase por Samuel, salimos del apartamento y bajamos un piso por las escaleras, de la puerta del apartamento de mi casero, don Pablo, se escuchaba a alto volumen una música clásica…

Ya en la calle, el olor a la quemazón se confundía entre los aromas de las lociones y perfumes de los transeúntes recién bañados, listos para ir a trabajar o a estudiar, como si la cosa no fuera con ellos; finalmente el incendio esta lejos de acá, esta por allá en el sur de la ciudad.

Las cosas se ven en aparente calma, es como me siento yo con mi tibia y peroné después de tomarme una pasta de analgésico, pero la lesión está, pero el incendio continúa, hay varias alertas, el agua escasea, el Zika nos está deformando los fetos y el cielo… Awwww… El cielo se ve tan hermoso, esta totalmente despejado y al oriente se ven descender los primeros rayos de sol entre el bosque de mi amada vieja; pero los informes dicen que no va a llover hasta mayo y que mi ciudad, que lo mejor que tenía era su agradable frío, que era lo único que los políticos no se podían robar, que era denominada como “la nevera” por la gente de “porque ajá”, estaba condenada a vivir otro día más de intenso calor, en donde las ropas cambiaron de la ruana y la alpargata o los trajes de “cachaco” por chanclas fosforescentes, pantalones cortos beige, esqueleto y gafa “raiban” de director de cine; mientras tanto los conductores de automóvil pitan desaforadamente para poder avanzar; perdón, no son autos, son unas bestias gigantes, son unas cajas fuertes, son gentes montadas solitariamente en cápsulas 4×4 de cuatro mil centímetros cúbicos llamadas Toyota, Rubicon, Jeep, Cherokee, Mercedes, BMW, para avanzar a diesiocho kilómetros por hora cuando se puede, y cuando no, destruir los tímpanos de los que miramos al cielo pidiéndole a Dios que caiga agüita para que las montañas se vean verde Toyota, los ríos se vean azules como en las fotos de mi smartphone y Carulla de Rosales traiga cilantro orgánico.

¿Qué fue lo que nos enseñaron? Por qué carajos no fuimos capaces de derrotar a los malparidos españoles cuando nos invadieron y nos robaron, y permitimos que nos colonizaran con toda la basura ideológica del maldito poder con sus doctrinas políticas y religiosas; ciudades cuadriculadas con la concentración en la plaza central o de Bolívar, como gran héroe, de los poderes sociales, el estado, la justicia y la iglesia, cosas que para cuando el incendio baje no van a servir para nada distinto que hacer arder más la hoguera.

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La gente sigue como si nada estuviera pasando, en las universidades dictan la cátedra para tener un mejor futuro, y yo me pregunto, cuál futuro, todo lo que hay y existe sale de la tierra, las materias primas y los alimentos salen de las montañas; dictan clases magistrales donde brindan al estudiantado estrategias para comprar, vender, legalizar, construir, mandar… Y les dicen que esa es la vida, y les dicen que pa’ que sean alguien, y una vez están bien adocrinados, salen a la calle a comprar carro y echar pito en solitario en sus burbujas de cristal con aire acondicionado como escudo protector al cambio climático. Tanto estudiar y no se han dado cuenta que los recursos son limitados, que hoy por hoy necesitamos otro tipo de pensamiento.

No soy yo quejándose, ni tampoco soy un mamerto ambientalista; el mismo planeta les está diciendo que todo ha sido un error y que la cagamos, y… Que ya no veo reversa.

Son las seis de la tarde y ha llovido milagrosamente, y mientras veía un montón de publicaciones donde todos agradecían la lluvia, escuchaba a un señor decir por celular:

– No, estoy por acá en la 72, me tocó escampar y no me ha rendido el tiempo por esa hijueputa lluvia…

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