Caribe Atómico, en Mundo Nuevo
5·03·2017

La miro, una y otra vez, es tanto lo que me embeleza que olvido quién soy, la mente se abstrae del cuerpo y se suspende en el aire, ya no hay orientación alguna, ya no sé sí es caída o camino.

Última cascada de las ocho visitadas en Mundo Nuevo, tal vez unos sesenta metros de caída libre de «agua»; yo, de pie en la parte baja de ella, de pie en el pozo, con la frente apuntando a lo alto y las piernas sumergidas en lo frío que brota del páramo, perdiendo el norte, dejándome latigar por cada gota que cae con la velocidad con la que han pasado estos 40 años de existencia sobre esta tierra, que cada día va evolucionando hacia ese nuevo ciclo donde ya no seremos más que enormes depósitos de petróleo; disfrutando cómo este momento pasa por mis sentidos y me impregna de energía, haciéndome un convencido de que esto es lo más parecido a sentir amor, haciéndome un esclavo de estas latitudes, adentrándose en mis venas y rompiendo toda mi sabiduría y juicios, me hace sentir pequeño, me hace recordar que no soy nada; siento algo de miedo y algo de vértigo, tenía los ojos cerrados y al abrirlos no supe si era caída o camino.

El agua siempre será agua, siempre habrá de correr, siempre será fresca, siempre nacerá. Yo siempre seré más viejo, hasta cuando ya no éste. Y mientras tanto, sigo mirando, desde la profundidad, repaso su revestimiento, repaso su piel, lisa, pura, suave, buscando cómo sujetarme para ascender a ella y salir del abismo que ha creado mi propia historia, sabiéndome ahí tan fuerte y sólido como un monumento a la lucha, pero que en cualquier momento puede venir la creciente y llevarse todo.

Vuelvo a mirar hacia arriba, por donde se ve luz, por donde parece que hay salida, vuelvo a perder el norte, vuelvo a pensar:

-Y, ¿sí es camino?

No tengo por qué buscar trepar, solo debo caminar, es fácil, solo déjate llevar…

En toda la mitad de su cuerpo, una aseguranza pendulando el corazón, dicta que es un buen recorrido, que cuando alcanza la luz debe decidir si se lanza al abismo o anda el camino.

El agua que me ha tocado ya se ha ido y jamás me volverá a tocar, pero en mi piel ha dejado su huella. Miro mis dedos y cada vez están más envejecidos, no hay más tiempo para planear, solo hay tiempo para vivir, el agua corre y siempre será agua, el tiempo pasa y siempre seré más viejo, hasta cuando yo ya no esté. Subo la mirada otra vez, las lágrimas se confunden con la cascada, ya tampoco sé si todo eso es agua o llanto; ¿caída o camino?

De qué vale todo, si me quedo ahí parado me acostumbraré y nada me recordará porque allá en el fondo no soy nada, solo debo continuar y quiero continuar por donde he caminado siempre, por donde he sido un convencido de la presencia del amor; abriré mis brazos y solo me dejaré caer en el vacío de la octava cascada de «Mundo Nuevo» a un nuevo camino.

Pd. Caída: No todo lo malo es para mal, tal vez, sea la única elección que te queda para salir del mal.
Pd2. Caída: Puta mal interpretada fuerza que tienen las palabras, pero qué lindo es acariciarlas.