Zonotrichia capensis, o más conocido como Copetón, es mi pajarito punketo preferido, todo un rockstar.

Cuando estaba chiqui lo veía mucho por todos lados, siempre esquivo pero cercano.

Por estos tiempos dicen que ya no hay tantos como antes; dicen también que la “malvada” Mirla o el “intruso” Chamón invaden sus nidos y se alimentan de sus huevitos, a veces, dejándole el propio, pa’ que el Copetón, engañado, se los crié.

Los he visto, pero no es la causa principal de su “disminución”. La Mirla y el Chamón sólo se adaptan a las nuevas condiciones, las cuales hacen que el Copetón tome la desición de irse.

Sí, el Copetón aún está clasificado como una especie de “preocupación menor” con respecto a una futura y posible extinción. Su aparente disminución se debe principalmente a que en las ciudades “modernas”, como Bogotá, ya no encuentran tan fácil alimentación, que es básicamente de semillas e insectos, pues hemos reemplazado mucho su hábitat por plantas ornamentales y concreto.

¿Quieres que el pajarito punketo, con el silbido más rokero que se oía en las esquinas de Bogotá, vuelva?