¡Por ahí no es!
-Ascenso-

Todos hacemos un esfuerzo por formar comunidad. Uno solo que falte, y todos se están perdiendo de su aporte.

En las sociedades antiguas, el adulto es el llamado a guiar al pueblo por su sabiduría, porque “más sabe el diablo por viejo que por diablo”. Si a esto le sumamos fuerza, se convierte en líder y capitán del navío.

Todos los guerreros estamos en la línea de partida, una sesión de calentamiento algo apretada, donde el que se desconcentre lo “enganchan”, y yo aprovecho y grito: ¡Por ahí no es!.

Finalmente comienza la cuenta regresiva, una hora después de la puntual asistencia; a un costado mi cachorro (mi hijo) se encuentra expectante a la salida y a la vez ansioso por recorrer la montaña, por la invitación que le habían hecho.

A los empujones, todo estaba listo, 3, 2, 1… nos fuimos, solo eran 10k y eso se corre con todo lo que hay. Primer ascenso, unos cuantos adelante marcan la ruta y yo solo los sigo, pasan los diez primeros minutos, todos en ascenso a velocidad, nos vamos ubicando, voy en el lote de los primeros, de pronto un grito: ¡por ahí no es! Me detengo y observo bien, no hay señalización alguna, la carrera no está demarcada, los cinco que vamos adelante escogemos el sendero obvio, el ascenso por la cuchilla, pero no era por ahí, había que volver, perdimos 40 metros de ascenso, la ruta continuaba de bajada y volvía al punto de partida; ya había mucho tráfico, y tocaba adelantar como fuera. Se perdió tiempo, esfuerzo y posición.

Un poco más relajado y llevando el ritmo, veo personal de seguridad y de la Defensa Civil dando indicaciones de navegación, ya he vuelto a recuperar mi posición, y atrás van quedando los jóvenes invitados faltos de experiencia pero ávidos de camino.

Más adelante, ya en solitario, por un bosque un giro a la izquierda y 20 metros después: ¡por ahí no es!, vuelta atrás e hice el respectivo reclamo; el personaje de la Defensa Civil estaba evadido del puesto de información con la excusa de estar apoyando en otro punto pues, según él, estaban atracando a unos corredores, pensé: ¿será que estoy yendo directo a la boca del lobo?, voy como a cuatro minutos el kilómetro, es de bajada y, de ser cierta la información, me tendrán que alcanzar. Aprieto el paso y rebaso a los tres que me habían pasado mientras rectificaba la ruta.

Más adelante, se acabó la zona del parque, asumo que es el kilómetro ocho, otra vez, tres caminos y no hay señales de la carrera y tampoco de corredores. Me detengo y analizo lo ilógico, me alcanza otro corredor y lo mismo, no había rastro de la carrera, la zona es urbana y el sendero ha caído a un carretable con tres caminos, uno en asfalto y los otros dos en gravilla. Miro atrás y vienen dos corredores más. Tengo que decidir. En la acera una señora, le pregunto: “-Seño, ¿ha visto a otros por acá corriendo? Contesta: -Me parece que bajaron las gradas… La respuesta es muy imprecisa, pero sigo su guía, salgo corriendo, bajo las gradas y a lo lejos veo a unos manes corriendo, me afianzo y acelero, llego al último tramo, unos 500 metros subiendo, los hago trotando suave y llego a la meta, donde las energías me dieron pa’ bailar el rap de Mc Hammer “U’ can’t touch this” sobre el tapete, sin saber que sería la melodía para mi propio debacle.

Caribe Atómico: 1 hora 9 minutos, 5to en la general, 2do en la categoría master A, a 1’40” del primero. Pienso en la mala señalización de la carrera, me da algo de coraje, pero bueno, finalmente el anhelado ¡podio!

En la meta me recibe mi cachorro amado con un abrazo gigante, que empaña la entrega de la finisher medalla. Acto seguido le pregunto cómo le fue en el sendero ecológico, que fue la invitación que le habían hecho y la cual se la barajaron… Pero bueno, esta familia iba a ser laureada y esperamos con ansias locas el esquivo y anhelado momento, que luego de mucha espera y escuchar cómo el locutor mencionaba erróneamente mi nombre llego.

Según el orden de la premiación había llegado mi turno de subir al podio, al segundo puesto, me paro al lado de la tarima a esperar ser nombrado, y en ese preciso momento se apaga el sonido del micrófono, al locutor le toca llamar a gritos a los tres laureados que nunca oyeron y además ¡vuelve a decir mal mi nombre! (Por Dios, ¿qué tal me llamara Ermenegildo? A esta hora, hasta mi hijo se estaba burlando de mi).

Por fin subo a la tarima, me acompaña mi cachorrito: no hay cajoncitos de podio para subirse, no hay primero ni tercer lugar, no hay medallita ni alcalde de la localidad, nadie me alza los brazos como a los demás…

En fin, quedé de segundo en la Master A, pero siento que algo me está debiendo el esquivo podio.

Pd. En la foto se alzan los brazos entre sí los dos Ediles, que obvio, no eran el 1ro ni el 3ro…